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Agust GastroBar by PlateSelector

A escasos metros del Mercat de Sant Antoni, se encuentra Agust, un gastrobar donde puedes comer tanto en la barra como en sus mesas, o si lo prefieres, puedes tomarte un cóctel de autor o un trago clásico “contemporanizado”. La cuestión es que una vez entras, el ambiente y el servicio al cliente te envuelven como si hubieras salido de Barcelona y estuvieras en otro lugar del mundo, en donde se hablan varios idiomas y la cocina es una mezcla de varios países.

El término Agust, proviene de la fusión de los nombres de “Auguste Escoffier”, un chef francés que, según nos cuenta Hicham Houmidide (uno de los dueños y chef del restaurante), popularizó y actualizó los métodos de la cocina francesa tradicional en los siglos XVIII y XIX; y de la traducción sonora del nombre “Augusto” a “A gusto”, y así ha quedado en catalán: Agust.

Su oferta gastronómica es clara: productos de calidad, sin muchas elaboraciones, e intentando no perder y guardar la esencia de los alimentos. La cocina tiene influencias globales, como son la cocina peruana, la japonesa, la francesa, la coreana y por supuesto, la catalana, pero no es una cocina de fusión, y al igual que Hicham, que es de origen árabe pero ha viajado por muchos países y le gustan las cocinas de todo el mundo, los platos de Agust no están encasillados en una sola cultura, sino que son una mezcla de varias. Por eso, en su carta, podemos encontrar desde Bocadillos de calamares, con pan de vapor y salsa kimchi, a Ostras “chingonas” del Delta de l’Ebre con aguachile y pico de gallo; pasando por Causas limeñas con tartar de atún y emulsión de shiso, o Zamburiñas con mantequilla de alga codium; hasta un Lomo de 500 g., de buey alto veteado con 10 días de maduración al carbón, o un Pulpo roquero a la cartagenera.

Además, sus postres son de otro mundo, y es que nadie se puede resistir al famoso Cactus del Agust: una ganache de chocolate blanco y aloe vera, con una mousse de lima y un núcleo de limón por dentro, un crumble de sésamo negro y chocolate, y un sorbete de higos chumbos que simulan la tierra de la maceta del cactus; ni a los deliciosos Mochis de praliné de Gianduja, o la clásica Crème brulée de fruta de la pasión. Aquí el chef admite, que sí que dejan más sitio para crear cosas nuevas y elaborar más los platos dulces, que cambian con cada nueva carta.

La clave, según Hicham es que “lo que hemos conseguido aquí es una buena alquimia entre todo, entre el ambiente, el servicio, la cocina, la atención al cliente, todo son detalles que al final hacen que pases una buena experiencia”. Y no es para menos, ya que las carreras de Hicham y su socio Jean Christophe Burgy, están llenas de éxitos. Se conocieron en el Hotel Meurice de París, ya hace más de 15 años, siendo Hicham el cocinero y Jean Christophe el conserje de este hotel de lujo; allí forjaron su amistad, y desde entonces, siempre habían querido montar un negocio juntos: así nació Agust Gastrobar.

Si os apetece comer cosas buenas como en un restaurante gastronómico, pero sin todas sus parafernalias y con la sencillez de una barra de bar o unas mesas de madera, en un ambiente cálido y acogedor, os recomendamos sin duda este atractivo restaurante.

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