Echappées gourmandes
mayo 30, 2016

En Agust da gusto by Gastronomistas

Siento no haber reparado antes en este gastrobar tan recomendable. Conocerlo me ha llevado casi medio año, que es lo que lleva abierto. Y no será precisamente porque su rótulo luminoso no quede bien a la vista de todos… De noche, hasta deslumbra. Agust es otro must en Sant Antoni, el barrio barcelonés con más brotes verdes. Es también el local de Hicham Houmidide y Jean Christophe Burgy, que han conseguido básicamente cumplir su palabra: en Agust se está a gusto.

Éstas son las 5 razones por las que deberías reservar mesa -¡ármate de paciencia!- y darte el gusto:

1. Por su cocina fusión de base mediterránea. El bagaje y la experiencia adquirida por Hicham en exigentes plazas gastronómicas de París y Londres le llevó finalmente a apostar por Barcelona para darse una segunda oportunidad como chef y empresario. Viajado y en permanente contacto con otras culturas, la carta de Agust es un fiel reflejo de su carácter abierto y su curiosidad innata. Si bien el influjo mediterráneo es el que predomina en cada apartado, se advierte y se agradece igualmente esa composición diferente, ese relleno inesperado, ese aderezo sugerente o ese acompañamiento que completa el platillo. Porque aquí predomina el finger food, a excepción hecha de ciertos platos “al carbón” y “para descubrir”. Defienden la cocina ex alumnos de la Hofmann -merecidísimo ese reconocimiento a su trayectoria por parte de la Acadèmia Catalana de Gastronomia- que ya han pasado por restaurantes como Pakta antes de asumir aquí todo el protagonismo. Recomiendo compartir varios platos u optar por el completo menú degustación si se tiene predisposición, ganas y tiempo. Prueba la croqueta de marisco, eltaco de cochinita pibil, el pulpo roquero y el solomillo de excelente carne gallega. Tienen propuestas aptas para vegetarianos y para celíacos.

2. Por sus postres. La cocina dulce de este gastrobar puntúa alto y es importante subrayarlo porque no todos los restaurantes dedican especial atención a este apartado. Están sabrosos, bien trabajados y muy bien presentados. Tanto es así que a veces te da hasta pena ‘desmenuzarlos’ sobre el plato. Una vez más, el sello Hofmann se nota sobradamente. El mochi de praliné de gianduja merece por sí solo llegar a los postres.

Un cóctel “de autor” tras otro detrás de la barra.

3. Por sus cócteles. Son “de autor” o “de la casa”, como se prefiera. Algunos parten de tragos clásicos para contemporalizarlos; y otros innovan directamente. El listado es largo e irá a más cuando abra la próxima coctelería que Hicham y Jean Christophe han ideado para el local contiguo. Si de primeras no encuentras mesa, consuélate con la barra, abierta al ‘copeo’ en cuanto acaban los turnos de cena.

4. Por su servicio de sala. Se reivindica menos de lo esperado y no por ello hay que dejar de hacerlo. En especial si ha cumplido con su cometido y te ha hecho sentir a gusto. El equipo de cara al público está formado por camareros atentos, resolutivos y sonrientes aunque ya no puedan con su alma al término de la noche. Se acabó aquello de preferir que te atienda fulanito antes que menganito. En Agust, el servicio también da gusto.

5. Porque es lo más parecido a estar lejos de tu ciudad sin salir de tu ciudad. Entras en Agust y tienes la sensación de que el guiri eres tú. Barra, mesitas y comedor para grupos están repletos de extranjeros que viven en la ciudad o están de paso. La mayoría llega aquí fiándose de TripAdvisor. Algo que todos hemos hecho alguna vez para lamentarnos luego. O así fue mi caso. Suerte tienen de que Barcelona es una ciudad gastronómicamente con recursos…

 

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